viernes, 21 de julio de 2017

Cristina Ruiz Fernández: Hasta que la muerte (del amor) nos separe. Por M.ª Cristina Guzmán Pérez

Ruiz Fernández, Cristina: Hasta que la muerte (del amor) nos separe. Personas divorciadas en la Iglesia. San Pablo, Madrid, 2017. 172 páginas. Comentario realizado por M.ª Cristina Guzmán Pérez.

Cristina Ruiz Fernández ha sabido narrar de una manera ágil, clara y cercana el problema que sin duda existe en nuestra sociedad sobre el fracaso del amor conyugal y el importante porcentaje de rupturas matrimoniales. Aborda, sobre todo —y esta es la finalidad de su obra— la respuesta que se espera de la Iglesia, ante el número creciente de divorciados vueltos a casar, con la esperanza de que la última Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Amoris Laetitia, se traduzca, en la práctica, en una postura evangélica de cercanía, acogimiento pastoral, ayuda y sanación de las heridas, desapareciendo esa tradicional e intolerante posición de juridicidad canónica sobre el matrimonio y el juicio de culpabilidad por la ruptura. Felicitamos a la autora porque creo que esta obra puede ser útil para los creyentes que se encuentran en esta situación y para los que estamos inmersos en la pastoral familiar. 

La autora divide su obra en ocho capítulos. Comienza aportando unos breves datos históricos sobre el matrimonio y el divorcio (capítulo 1), para continuar tratando los distintos tipos de fracasos conyugales, a los que pone rostro, ya que recoge entrevistas de distintas personas que han pasado por ese trance. 
Así, distingue en el capítulo 2, las rupturas conyugales que se producen porque los esposos han caído en la falacia inmadura de identificar el matrimonio sólo con el amor romántico, de aquellos otros que se rompen porque nunca ha existido amor sino solo amistad, y de los matrimonios que se quiebran por la falta de fidelidad —sea afectiva, sexual o económica—, o la salud. También trata la violencia visible o invisible dentro del matrimonio. Creo que aquí la autora ha realizado una buena y estructurada síntesis de los distintos motivos de ruptura conyugal.
Posteriormente aborda en el capítulo 3 la necesaria etapa de duelo tras la ruptura y los diversos sentimientos que aparecen —de fracaso, culpa, rabia, rencor—, pero que puede ser un tiempo propicio para renacer del dolor y para acompañar a los que están sufriendo.
En los dos capítulos siguientes, 4 y 5, la autora resume la doctrina teológica y canónica sobre el matrimonio sacramental y consumado (indisoluble), las causas de nulidad y la posibilidad de disolución canónica cuando el matrimonio no es sacramento o no está consumado (con la eficaz colaboración de la información que le proporciona mi compañera en la universidad y Defensora del Vínculo, Carmen Peña). 
En el capítulo 6 resume el tratamiento de este tema en los trabajos preparatorios del Sínodo y en el último Sínodo de los Obispos de 2015, así como las posturas encontradas recogidas en la Relatio Synodi (especialmente en los números 84, 85 y 86), para finalizar con Amoris Laetitia, donde el Papa Francisco, en palabras de la autora deja ver que la Iglesia católica se ha equivocado al abordar los temas de pareja y familia con excesivo rigor canónico, alejado del mensaje del perdón y salvación. 
El capítulo 7 recoge las diversas y enriquecedoras experiencias de algunas parroquias y de otros movimientos eclesiales de acogimiento y cercanía hacía estas personas que están padeciendo un proceso de ruptura conyugal. 
Y finalmente, en el último capítulo que titula “Menos leyes y más amor”, considera imprescindible un cambio de paradigma respecto a lo que se ha estado haciendo hasta ahora en la Iglesia, transcribiendo las palabras de Pagola: "El matrimonio solo puede ser sacramento si el amor de Dios es expresado, encarnado y sacramentalizado en el amor mutuo de los cónyuges". A lo que la autora añade: y cuando el amor se acaba después de haber luchado y utilizado todos los recursos que estén al alcance de la pareja, hay que aceptar que el sacramento ya no existe, puesto que ya no existe ese amor sacramental. La aceptación de esto es lo que las personas divorciadas creyentes piden a la Iglesia, y sentirse acompañadas en un momento de la vida difícil y doloroso. Confirmamos este deseo de la autora.

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